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Geras

> Localización

Se encuentra la localidad de Geras en la parte más occidental del municipio a unos 11 km. de la capital del concejo. Limitan territorialmente sus términos por el N. con los de Casares y Cubillas, por el S. con los de Mirantes de Luna, por el E. con los Folledo, Paradilla y Cabornera y por el O. con los de Aralla.
El valle donde se asienta la localidad está rodeado de montañas que configuran la denominada sierra de Los Grajos. Todo está regado por el río Casares, afluente del Bernesga con el que se encuentra en las proximidades de La Pola. El pueblo aparece alineado a ambos lados de la carretera, que lo cruza, y conserva, sin grandes variaciones, su tipología rural y popular.
La carretera por la que se accede a la localidad, de alta montaña, comunica las cuencas de los ríos Bernesga y Luna tras superar la collada de Aralla, conservando en su trazado el aspecto de la reconversión que se produjo en 1907 sobre los antiguos caminos para hacerlos más transitables y cuyo transito sosegado desde La Pola hasta el inundado San Pedro de Luna permite disfrutar de la belleza de una maraña de peñas, montes y rocas calizas, formando todas caprichosas quebradas, imposibles estratos verticales o innumerables oquedades que concluyen con un paisaje de apreciado encanto.
Pero si la “fama” de esta localidad ha trascendido tras los limites del concejo, no sólo es debido a sus encantos paisajísticos, o, a la hospitalidad o cordialidad de sus gentes, es también y en parte, porque se ha puesto sobre la mesa y hemos compartido mantel con los más selectos y mejores manjares que tradicionalmente han cocinado nuestras gentes para nuestro sustento, tal es el caso de los embutidos, calderetas o el cocido gordonés, que han conseguido que esta localidad sea un referente.

> Historia

Los restos arqueológicos localizados en las proximidades de la localidad de Geras posibilitan que esta zona estuviera poblada desde tiempos ancestrales, así pues y localizados en “La Cueva Feliciana”, junto al “Arroyo Meleros” se hallaron sobre el año 1920 varios utensilios de hierro y fragmentos de cerámica pertenecientes a la II Edad de Hierro que se conservan en el Museo de León y que fueran en él depositados por don José Sánchez Cañón. Piezas, que el Sr. Luengo describe como un cuchillo, una mohara o punta de lanza, un cincel o cortafríos, una reja de arado y una anilla. Con posterioridad el Sr. Gutiérrez, retoma el estudio de estas piezas y estima que pueda tratarse de un escondrijo de época altomedieval.
No deja de ser igualmente de interesante la localización de una lápida sepulcral que apunta una datación altomedieval y que se localiza, actualmente, en el pórtico de la iglesia de esta localidad adosada a uno de sus parámetros. La lápida con forma rectangular y bordes irregulares alcanza el metro ochenta de larga y lleva como grafía una leyenda cuya traducción podría ser: “En la era mil noventa y seis, ya próximo el 16 de las calendas de enero, ¿Menéndez? Murió”.
El mismo interés hay que mostrar por una pila bautismal, localizada en el interior de la iglesia, presenta una copa con forma cilíndrica de casi un metro de diámetro. Su talla se resuelve sin grandes alardes artísticos y no presenta más adornos que un cordón, bajo el cual, se sitúa la talla de dos cruces patadas.
La presencia de estos motivos, así como la pervivencia de varios tramos de caminos debidamente empedrados sugieren la presencia remota de pobladores en esta localidad o sus proximidades.
Pero lo más claramente visible del patrimonio de esta localidad son sin duda las dos construcciones religiosas de que dispone, una que se localiza antes de entrar en Geras y es conocida como la ermita del Santo Cristo, construcción destacable del siglo XVIII en cuyos parámetros exteriores se encuentra una cartela o placa en la que aparece tallado un Cristo crucificado y una dolorosa a sus pies, todo bastante deteriorado, y que se acompaña de una leyenda resuelta en letra uncial que contiene la concesión de indulgencias dadas por el Obispo de Oviedo a la sazón don Juan de Abello en el año 1743.
Y otra, la iglesia parroquial, advocada a San Pedro, se levanta sobre un promontorio, prácticamente, en el centro de la localidad. Su planta comprende dos cuerpos de grandes dimensiones, que se corresponden con la nave y con la capilla de forma rectangular. Un amplio porche, orientado al mediodía, aparece sustentado por tres columnas que arrancan de un podio corrido que está abierto frente a la puerta de acceso, de sencilla construcción, que se abre bajo un arco de medio punto con paso directo a la nave. A los pies se levanta una robusta espadaña que lleva tres cuerpos rematada con frontón y alberga en el último de los tramos las campanas.

Texto: Don Pío Cimadevilla.

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